Everest

Uno de mis primeros logros infantiles, de esos que dejan huella, fue representar una montaña con su cumbre coronada de nieve. Conseguir una especie de K21 en mi bloc de dibujo fue fruto del esfuerzo, de contemplar la ilustración de la caja de pinturas Alpino, de una mezcla de estímulos subliminales como haber visto Heidi, o la montaña, chulísima, que salía cuando empezaban muchas películas2 de los sábados, o que el jersey del uniforme de mi hermano tuviese un precioso escudo del Monte Alba, aunque la motivación principal era lo que me gustaban triángulos de los toblerone y lo divertidas que eran esas vacaciones en la Sierra cercana a Camorritos.

Me distancié de las alturas y me enojé con la escalada a los quince años en el entierro de Miguel, un chico de 16 años al que empezábamos a conocer, y que, por una absurda caída trepando en el Galiñeiro, se desangró en el monte delante de sus amigos. Desde entonces me da vértigo ver escaladores colgados en las rocas sin entender la razón ni el motivo por el que se corre el riesgo de subir estas paredes. El paso del tiempo, la belleza de los Pirineos, Ancares o los Alpes me han reconciliado por fin con la montaña.

Las montañas son las fronteras entre el cielo y la tierra, dónde se comparte la vida y la muerte; dónde el escalador se enfrenta a la montaña física y a la mental, prescindiendo de lo superfluo, experimentando el miedo a morir dónde la mente obliga al cuerpo deteriorado a salir de su confort, a sentir cambios físicos, a tener hambre de oxígeno, a guiarse por su intuición. Estos lugares desprenden una magia especial que les permite ser la morada de dragones como Smaug, del yeti3 que asusta a Tintín o de nuestros dioses4 provocando respeto y a la vez son puro romanticismo ejerciendo una atracción inevitable como como se percibe en el caminante sobre el mar de nubes5

Espero que encontréis interesante que empecemos este Adviento con la aventura amistosa del apicultor neozelandés Edmund Hillary y el Sherpa Tenzing Norgay6 que alcanzaron primera vez la cima del Everest regresando con vida7. Esta proeza me ilusiona —no sólo por el romanticismo de que nuestra boda coincidió con el 51º aniversario8—, porque la encuentro especialmente motivadora: aglutina el afán de superación, la abnegación, la esperanza y el esfuerzo. Coronar 8.848 metros9 es agotador, pero detrás de Hillary y Norgay hay un trabajo de un equipo, el último eslabón de la cadena humana, aunque ellos mismos unidos por un cabo se han turnado haciendo huella10. Regresaron tan unidos que no querían revelar quién fue realmente el primero en llegar arriba pues consideraban que se trataba de una labor de equipo y los dos juntos coronaron el Chomolunga. ¡Admirable11!.

Este año he visto películas, rutas y mapas del Everest, me he divertido escuchando a César Pérez de Tudela, sorprendiéndome de su faceta como instructor de montañas; gracias a mi cuñado Jorge puede conocer y leer a Iñaqui Ochoa de Olza disfruté de los días de aproximaciones antes de la escalada, comprendí su postura sobre la escalada sin oxígeno y viví su pasión por la montaña; participé en expediciones en las que se iban acostumbrando cada 400 metros a los cambios de altitud y que fueron sembrando la montaña con pequeños refugios; viendo las reposiciones de Al filo de lo imposible; he repasado la idea del Superhombre12 y lo que más me ha gustado es la sensación de compañerismo. Por eso me he hecho un mapa por niveles en función de la clasificación aristotélica de la amistad que sería así: en el campo base estaría la amistad por interés, en los campos avanzados —las zonas medias de aclimatación esas en las que los alpinistas suben y bajan13— la amistad por placer del disfrute compartido y en el último tramo, en la zona de la muerte, un lugar sin vida dónde no sólo es difícil moverse sino incluso pensar, rodeado de un montón de cadáveres congelados, se encuentra la amistad por virtud, la que se da en el equilibrio entre dos iguales entre los Hermanos de Cordada.

Paramount Artesonraju, Perú

A menudo empezamos esta época del año tristes recordando a los que tenemos en nuestro Valle del Arco Iris14. En esta ocasión aprovechamos el logotipo de la majestuosa montaña de la Paramount —que siempre pensé que era el monte Everest— rodeada de estrellas para dar la bienvenida a los recién llegados a este adviento: Manuel y Patricia, Elisa, Daniela, Mauro y Antía, a estos niños viajeros que nos alegran y sorprenden con ganas de aventuras y descubrimientos

Partimos del campo base de La Diosa Madre del Mundo, coged vuestros mapas, reunid vuestras provisiones y buscad un buen compañero para este viaje hacia la Navidad.

  1. Su nombre deriva de la anotación trigonométrica utilizada con la K de Karakorum -El K2 es la montaña de las montañas, la que pintaría un niño aunque no es cosa de niños escalarla pues requiere una técnica más sofisticada.

  2. WW Hodkinson dibujó el logotipo de la Paramount en base a una montaña de su niñez en Utah, aunque en realidad la montaña se trata del Artesonraju y es el logo más antiguo que ha sobrevivido en los filmes de Hollywood. Las estrellas que rodeaban al monte eran 24 por los actores y actrices que tenían contratados; ahora son sólo 22.

  3. Otros nombres con los que se conoce a los monstruos de las montañas: el Abominable hombre de las Nieves, Y Bigfoot, Kunk *- en los *Andes, Chuchuna en Siberia, Yowie en Australia, Ji gol en el Tíbet.

  4. De entre todas las montes sagrados como El Olimpo, El Ararat, El Sinaí el único que parece conservar un espíritu divino es el Kailash, la preciosa joya de las nieves que se levanta sobre dos hermosos lagos azules que jamás ha escalado el hombre, respetada por varias religiones y que se venera en peregrinajes circulares.

  5. Otros Dibujantes de montañas: Aquí tenéis el esquema original de Montgomerie durante su gran proyecto de esquematización de la topografía trigonométrica en el que quiso conservar los nombres de las montañas (el K2 no era conocido y se quedó con la denominación alfanumérica). Estas son las impresionantes vistas del Cervino que Edward Whymper nos dejó. El pintor de postales de souvenirs Heinrich Berann acabó convirtiéndose en el padre del panorama cartógrafo moderno. Y para terminar la selección os dejo una serie de interpretaciones de Cézzanne de la montaña que veía desde su casa y que pintarla fue la causa de su muerte

  6. Fue el segundo ocho mil coronado por el hombre. Se consiguió 16 años antes de que el hombre llegara a la Luna y 42 años después de que el noruego Roal Admunsen y sus compañeros alcanzaran el polo Sur. Reinhold Messner 25 años después fue el primer alpinista en subir al Everest sin oxígeno.

  7. Otras parejas de escaladores lo habían intentado antes. La frase motivadora para subir porque está ahí no pudo evitar el fracaso de Irving y Mallory La desaparición de los escaladores les proporcionó un aura de romanticismo y nostalgia.

  8. El 29 de mayo de 1953 (justo 51 años antes de nuestra boda), no sólo se conquistó "el último polo" sino que se encargó de dar la noticia ¡Jan Morris! que con un sistema de comunicación encriptada hizo llegar al Times una de las grandes exclusivas del siglo XX que coincidió con la coronación de la Reina Isabel II en 1953.

  9. Sin embargo, si la medición se hace desde el centro de la Tierra, el monte Everest está a 6382,605 km y el volcán Chimborazo, ubicado en la República del Ecuador, está a 6384,416 km. Por lo que el Chimborazo está 1,8 km más alto que el Everest. Esto es debido a la forma de geoide de la Tierra. En las últimas mediciones cartográficas de los fondos marinos indican que si se mide desde su base en el fondo del océano hasta la cumbre más alta, Mauna Kea (en Hawai) es la montaña más alta del mundo, más incluso que el Monte Everest.

  10. Apenas estuvieron quince minutos y dejaron en la cumbre galletas, caramelos, bombones, un lápiz azul y rojo que le había dado su hija Nima y un crucifijo que le regalara John Hurt, el jefe de la expedición.

  11. Evidentemente alcanzar el Techo del Mundo se ha convertido en una atracción, un lucrativo parque temático que ha provocado la explotación comercial de las rutas convirtiendo esta zona en un microcosmos con su jaleo, basura, conexiones wi-fi, retransmitiendo las puyas- hasta los Cilindros de oraciones con los rezos que se dispersan por el aire a modo de souvenirs en la que los turistas pasean esquivando las tumbas del cementerio para vivir una experiencia y, sobre todo, para conseguir que Elizabeth Hawley certifique quien ha hecho cumbre.

  12. Mientras Zaratustra iba subiendo la montaña pensaba en los muchos viajes solitarios que había realizado desde su juventud y en las muchas montañas y crestas y cimas a que ha había ascendido. «Yo soy un viajero y un escalador de montañas, decía a su corazón, no me gustan las llanuras, y parece que no puedo estarme sentado tranquilo largo tiempo. Y sea cual sea el destino, sean cuales sean las vivencias que aún haya yo de experimentar, -siempre habrá en ello un viajar y un escalar montañas: en última instancia no se tienen vivencias más que de sí mismo.»

  13. Técnica de subir, bajar, subir y bajar; se sube un tramo y se planta una pequeña tienda con algunos víveres y se vuelve a bajar así hasta que el cuerpo se acostumbra. Se trata de tener buena forma física aeróbica pero todo depende de la mente.

  14. Chomolungma o Qomolangma Feng (Madre del universo) y en Nepal es denominada Sagarmāthā (La frente del cielo), catalogado com el Pico XV fue el sucesor de George Everest quien le dio el nombre con el que lo conocemos ¿Os imagináis que en un futuro otra civilización pueda analizar nuestra cultura cómo hemos conseguido con la momia de Ötzi congelada con sus tatuajes del 3300 A.C en los Alpes?

Oyster Perpetual Explorer

Rolex

En 1953, Edmund Hillary se convirtió en el primer hombre en alcanzar la cumbre del Monte Everest junto con el bueno de Norgay. Y lo hizo con un Rolex en su muñeca, un Oyster Perpetual que resultaría ser el antepasado de los Explorer: fue uno de los primeros de una serie de relojes diseñados por Rolex específicamente como instrumentos para usuarios profesionales. El Explorer ha adquirido desde entonces el estatus de icono. Para los aventureros con economías más discretas, el Zeno Explorer puede ser una buena opción por poco más de 400€.

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