Adviento 2017, día 22
Proteas

Proteo era un dios del mar encargado de cuidar los reba√Īos de focas de su padre Poseid√≥n. Como premio a una labor bien realizada, se le concedi√≥ el don de revelar el porvenir y de conocer todos los secretos del tiempo pasado, presente o futuro: un don ideal de cara al sorteo de la loter√≠a de Navidad.

Para evitar el acoso constante, Proteo cambiaba de forma a menudo, metarfoseándose en jabalí, tigre, dragón, agua, llama o roca; sólo el que lograba capturarlo era merecedor de sus pronósticos. En honor a esta divinidad, la flor nacional de Sudáfrica lleva su nombre, por la gran facilidad con que sus variedades, más de ochenta, cambian de forma.

Las proteas son f√≥siles vivientes, tan antiguas como las magnolias: exist√≠an antes de la separaci√≥n de los continentes y han convivido con los dinosaurios. Son enormes y espectaculares, con varias floraciones anuales; a veces la denominan bosque de az√ļcar, una tentaci√≥n para ser polinizada por los p√°jaros sol y los escarabajos. Sus semillas se almacenan en unos conos ign√≠fugos que, al igual que las con√≠feras, son liberadas tras un incendio.

En homenaje al dios griego y por sus cualidades ocultadoras y escurridizas, también se llama Proteo uno de los cuerpos más oscuros del sistema solar, el segundo satélite más grande de Neptuno. Esta luna de forma irregular y color del hollín refleja menos de un diez por ciento de la luz que recibe del Sol; sin duda, en estas condiciones sería imposible que germinase ninguna protea.